El mundo en tus manos.

La bola giraba sin parar, no había nadie que pudiera pararla, solo una niña que entró sonriendo por la puerta y la cogió sin preguntar a nadie.

  • ¿Cómo lo has hecho? – le preguntó un señor muy alto que estaba sentado al lado de una ventana.
  • Simple … es una bola del mundo y me ha gustado mucho. Por eso he alzado mis manos y la he cogido sin pensarlo.
  • Eres la única que había venido a este pueblo, de fuera, y lo ha conseguido, la mayoría no puede. ¿Y qué vas hacer ahora con ella?
  • No sé, me la llevaré a mi casa y la pondré en mi habitación para verla todas las noches antes de dormir.

Estaba muy feliz por llevarse la bola a su casa y por lo que aquel señor tan alto la había dicho. Al llegar colocó en su estantería la bola del mundo y se tumbo en su cama, al verla tan parada se acercó e hizo girar muy fuerte la bola y cerró los ojos. Al despertarse vio que su casa era diferente, había otras ventanas, no eran las mismas …

  • ¿Dónde estoy?- se preguntó asustada.
  • ¿Estás bien niña? – le dijo un enfermero.
  • Sí, ¿qué estoy haciendo aquí? – se te cayó un jarrón de cristal en la cabeza y has estado dormida durante mucho tiempo.
  • Y esa … ¿esa bola en la ventana? – preguntó al verla.
  • Es tuya, la llevabas en tu mochila.
  • Me la dejas.
  • Sí, claro.

La niña extrañada por lo que estaba viendo hizo girar la bola y cerro fuertemente los ojos. Al abrirlos se encontró de nuevo en su habitación, pero ¿cómo? – no entendía como al girar la bola pasaba de un lugar a otro. Con mucho miedo, cogió la bola y se acercó a la tienda dónde la había encontrado, pero para su sorpresa, allí no había nadie, la tienda no existía.

Se sentó en un banco de madera que había cerca de un río y examino la bola lentamente a ver si encontraba algo raro que la pudiera dar una pista de que poderes tenía, pero no encontró nada, no había ningún truco, así que pasada la tarde, se acercó nuevamente a su casa y en su cuarto se quedó, un buen rato, mirándola.

Al cabo de un largo tiempo, confío en la bola y deseo ir al lugar de la tienda donde la había cogido para que la contaran qué misterios tenía todo aquello, o era que se había golpeado la cabeza.

  • Otra vez por aquí. – le dijo el señor.
  • Si, es que no entiendo cómo voy de un lado otro al girar la bola del mundo.
  • Ya has visto el poder que tienes, bien – le dijo sonriente.
  • ¿Poder, yo?
  • Si, cada noche cuando te duermes tienes una nueva oportunidad para ir dónde quieras y mejorar aquello que te gustaría.
  • Y… ¿por qué yo?
  • Porque has despertado en el mundo y no todos tienen ese privilegio. Ahora ya sabes que tú puedes ir y hacer lo que creas conveniente en tu mundo y aún mejor, sentirte cómo tu quieras.
  • Ya veo, y ¿por qué me desperté en el hospital?
  • Ah, ya has ido. Porque la realidad te da la opción de pensar que había sido un sueño al golpearte o, como bien hiciste, seguir despierta en tu mundo y tomar la responsabilidad de ir a dónde quieras y mejorarlo.

La niña sonrío y le agradeció mucho a aquel señor todas sus enseñanzas. Cogió su bola y la guardó en su mochila, ahora ya sabía hacia dónde quería ir. Y todas las noches haría girar la bola hacia aquellos lugares dónde estuviera feliz, y sabiendo que cada día tenía una nueva oportunidad para mejorar su mundo y hacer feliz a aquellos que la rodeaban, sonriéndoles siempre.

Antes de salir de aquella mágica tienda el señor, sentado en su silla, volvió a llamarla, muy bajito, para recordarla:

  • Recuerda que ahora tienes “el mundo en tus manos”. ¿Qué harás con él?

Y la niña cerró sus ojos para seguir despierta.

Un abrazo al corazón

Firma Isabel

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