Abre tus ojos

Qué sentido tiene abrir los ojos por la mañana y no ver el mundo.

Ven te enseñaré un secreto antes de despertar…

La chica, tímidamente, se acercó muy despacio a la ventana por donde entraba la luz de primera hora de la mañana. Ella veía lo de siempre, la misma calle vacía con las luces de las farolas todavía encendidas. Se vistió y bajo para ser la primera en despertar.

  • Y ahora, ¿qué? – preguntó.
  • Shhhh… no hagas ruido – le dijo. Se aprecian mejor las cosas en silencio.

Al cabo de un rato, ella se sentía igual de perdida, mirando de un lado a otro de la misma calle que la había visto crecer, que todas las mañanas andaba sin mirar, saludaba a sus vecinos y tomaba café en el bar de la esquina.

  • Pues no veo nada nuevo – la verdad.
  • ¿Eso crees? – te tenía por una chica más lista. Espera y veras.

El sol empezó a asomarse por la montaña, que se dibuja a lo lejos de la calle, y las aceras empezaron a tomar un brillo especial, los pasos de cebra parecían más blancos de lo habitual y un alma la sonrío al pasar.

  • Ves algo diferente. Oh… ¿todo sigue igual?
  • Sí, todo parece igual.
  • Descríbeme, por favor, mejor tu calle pero ahora abre un poco más tus ojos y cuéntame con tus palabras lo que sientes con tus ojos.

La chica se sentó en el banco de madera y tocó su asiento. La calle empezó a tomar vida, el sol era como una naranja fresca colgada de un árbol, el banco olía a madera vieja y se vio, al levantar la vista, reflejada en el escaparte de enfrente. Se levantó y comenzó andar.

  • Veo un camino de hojas naranjas caídas de los árboles, que brillan por las gotas transparentes que están subidas encima de ellas. Huele a bollo recién hecho, caliente y jugoso. Siento el aire fresco en mi cara y en mis manos como caricias de despedidas de las personas que más quiero. Miro al cielo que está levantándose como una sábana blanca que se estira al hacer mi cama, oigo el ruido de un tren que se acerca deprisa para recoger vidas y llevarlas a su destino. El sol comienza a calentar mi cara como una suave manta que me abriga en las noches más frías. Empiezo a andar más deprisa para no perder ningún detalle de todo lo que veo y las aguas de río, que cruza mi pueblo, baja de la montaña con la misma energía que yo tengo, y va regando la tierra. Las almas que se cruzan en mi camino, sonríen al mirarme, yo les devuelvo la mía. Oigo la voz de los niños que van al colegio, cantando y jugando, y un perro que ladra, pidiendo jugar con ellos. Me siento flotar en la misma calle de siempre, pero creo que ahora la llamaré la calle del cielo.
  • No olvides nunca, chica, que todo está vivo en medida de cómo lo miremos nosotros, de cómo sintamos la misma calle que ahora me cuentas, que ahora y siempre ha sido la calle del cielo.

La chica se asoma nuevamente a su ventana para ver con nuevos ojos esa calle y estará siempre agradecida a aquel que la ayudó a abrir sus ojos, porque ya nunca los cerrará y nunca jamás olvidará ver el mundo desde su sueño, antes de despertarse.

Un abrazo al corazón

Firma Isabel

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